V. La función del obrador de milagros
Algo a tener en cuenta que nos recuerda Jesús en esta parte de Ucdm es lo esencial que es comprender el miedo que se le tiene a la liberación.
Sólo la mente puede crear, y la corrección sólo puede tener lugar en el nivel del pensamiento.
Nuestra única responsabilidad es aceptar la Expiación.
Sólo la mente es capaz de iluminación. El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. La mente puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capacidad de aprender. Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que éste ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz.
El aprendizaje que corrige es el despertar del espíritu y el rechazo de la fe en la visión física. Esto entraña temor, incomoda pero la incomodidad se manifiesta únicamente para traer a la conciencia la necesidad de corrección.
La curación se basa en la caridad y es esencial para la mentalidad recta. La caridad es una manera de ver a otro como si a hubiese llegado mucho más allá de lo que en realidad ha logrado en el tiempo hasta ahora.
Cuando le ofreces un milagro a otro estás acortando su sufrimiento y el tuyo.
Principios especiales de los obradores de milagros
El milagro elimina la necesidad de tener preocupaciones de rango inferior.
Cuando obres un milagro yo haré los arreglos necesarios para que el tiempo y el espacio se ajusten a él.
Es necesario distinguir entre lo que se crea y lo que se fabrica. Toda forma de curación se basa en esta corrección fundamental de percepción de niveles.
El poder del milagro genera la percepción correcta que da lugar a la curación.
El perdón que procede de una orientación milagrosa tan sólo ofrece corrección. Está libre de juicios, no evalúa.
Recordar es traer el pasado al presente.
Jesús nos dice: El tiempo está bajo mi control, pero la eternidad le pertenece a Dios.
En el tiempo existimos unos con otros y unos para otros. En la eternidad coexistimos con Dios.
Puedes hacer mucho en favor de tu curación y la de los demás si en situaciones en las que se requiere tu ayuda piensas de siguiente manera:
Estoy aquí únicamente para se útil.
Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni
por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee,
porque sé que Él estará allí conmigo.
Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.
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