La Voz del Espiritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser
arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No vence
porque no ataca. Su Voz es simplemente un recordatorio. Es apremiante
únicamente por razón de lo que te recuerda. Le ofrece a tu mente el otro
camino, permaneciendo serena aún en medio de cualquier confusión a que
puedas dar lugar. La Voz que habla por Dios es siempre serena porque
habla de paz. La paz es más poderosa que la guerra porque sana. La guerra es división, no expansión. Nadie gana en la batalla. ¿Qué saca un hombre con ganar el mundo entero si con ello pierde su propia alma? Si le prestas oídos a la voz que no debes, pierdes de vista a tu alma. En realidad no puedes perderla, pero puedes no conocerla. Por lo tanto, te parecerá que la has "perdido" hasta que elijas correctamente.
T-5.II.7