Una voluntad aprisionada engendra una situación tal, que, llevada al
extremo, se hace completamente intolerable. La resistencia al dolor
puede ser grande, pero no es ilimitada. A la larga, todo el mundo
empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un
camino mejor. A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por
covertirse en un punto decisibo en la vida de cada persona. Esto finalmente vuelve a despertar la visión espiritual y, al mismo tiempo, mitiga el apego a la visión física.
T-2.III.3.4